2/11/23 · Economía

«Pocas empresas pueden saber cuánta gente tendrán trabajando dentro de cinco o diez años»

Eduardo Salsamendi, presidente de ProWorkSpaces, la asociación de operadores de espacios de trabajo flexibles en España

eduardo salsamendi

Foto: Eduardo Salsamendi

Eduardo Salsamendi, presidente de ProWorkSpaces, la asociación de operadores de espacios de trabajo flexibles en España

 

El desarrollo de los espacios de coworking en España es una realidad que hace años que toma fuerza y que la pandemia incluso ha acelerado, generando nuevas dinámicas laborales. Eduardo Salsamendi preside ProWorkSpaces, la asociación de operadores de espacios de trabajo flexibles en España. Recientemente, participó en el seminario Spanish National Workshop on New Working Spaces, organizado por el grupo de investigación i2TIC de los Estudios de Economía y Empresa de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), donde reflexionó sobre el impacto de los espacios de coworking y sus perspectivas de futuro.

El coworking ha ido evolucionando y creciendo con el tiempo y últimamente el concepto de coworking corporativo está fortaleciéndose. ¿En qué consiste?

En España tenemos centros de negocios desde 1978, como réplica de lo que en Estados Unidos eran las executive suites, que se centraban principalmente en ofrecer un servicio. Hacia el 2010, en parte como respuesta a la crisis, nace el coworking, con la filosofía inicial de compartir sinergias, espacios y proyectos, poniendo el foco en la comunidad. A medida que evoluciona y accede a otros perfiles más allá del freelance, a estos espacios se les empieza a demandar más servicios e incorporan elementos del centro de negocios. A la vez, a los centros de negocios se les empiezan a pedir aspectos del coworking, de manera que ahora muchos estamos a caballo entre estos dos mundos. Cuando hablamos del coworking corporativo nos solemos referir a un centro de negocios que ha incorporado valores del coworking. También le llamamos oficina flexible. La variedad de nombres es una de las maldiciones de este sector.

En todo caso, parece que prospera. ¿En qué estado está en España?

Es terriblemente diverso, con 1.800 espacios que van desde el pequeño coworking boutique, con la filosofía inicial de los primeros proyectos, a las grandes cadenas especializadas, con mucha superficie e inversión para alojar a clientes corporativos. Y, en el medio, tenemos toda la diversidad posible. Además, estamos en un momento de evolución bestial y continua. Antes de la pandemia teníamos crecimientos anuales de doble dígito, casi llegando al 20 %, sobre todo por la irrupción de WeWork y de inversores potentes. Ahora está creciendo de forma exponencial, y la evolución es constante porque las necesidades cambian.

La pandemia ha supuesto modificaciones en el planteamiento del trabajo que seguro que les han influido.

Exacto. La gran empresa, que hasta ahora no se planteaba opciones como la nuestra, pero ahora la considera atractiva y la valora. En Madrid o Barcelona ya es muy habitual tener clientes con 200 o 300 puestos de trabajo flexibles, mientras que hace unos años era impensable. Y, como los trabajadores de un cliente corporativo han de tener los mismos requisitos de ergonomía y calidad de puesto de trabajo que los de sus oficinas, alojarlos ayuda a nuestra evolución.

En un escenario de incertidumbre parece que una característica primordial del sector debe ser la flexibilidad. ¿Es correcto?

Por supuesto, porque las necesidades en cuanto a diseños de espacio, de tecnología, de comunidad evolucionan mucho y lo seguirán haciendo. Antes hablábamos de praderas llenas de mesas y sillas. Ahora hay otras necesidades: espacios multifuncionales mucho más amplios, zonas para trabajar de forma distendida, oficinas, espacios para reuniones.

Si previamente ya éramos flexibles, después de la pandemia todavía lo somos más. Hasta el punto de facilitar puestos de trabajo incluso para una sola hora mediante una aplicación. Pero la pandemia y la guerra de Ucrania también han obligado a las empresas a tener mucha flexibilidad.

¿En qué sentido?

Si quieren sobrevivir, han de adaptarse a la realidad de forma muy rápida. Antes podías pensar en alquilar una oficina y hacer obras para tener a 150 personas trabajando durante diez años. Ahora son muy pocas empresas las que pueden decir cuánta gente tendrán trabajando dentro de cinco años. Por eso estas inversiones a veces se caen y buscan opciones más flexibles como la nuestra, con salidas anuales o incluso con periodos más cortos.

¿Cómo ve el panorama del coworking en España en relación con otros países?

Este sector siempre ha tenido una mayor evolución en el mundo anglosajón, seguramente por una cuestión cultural. Los negocios fluyen más y se ciñen más a la necesidad del momento, por eso también hay más alquiler que compra de viviendas. Londres es el mercado número uno mundial. Solo allí ya hay muchos más espacios de trabajo y mucho más grandes que en toda España. Aquí, hasta hace poco, teníamos multitud de espacios independientes y muy pequeños, pero esto está cambiando muy rápidamente. El tamaño medio de la oferta está creciendo mucho porque se están abriendo espacios enormes, algunos de casi 10.000 m².

¿La irrupción de estos grandes agentes puede desvirtuar la esencia del coworking?

Creo que se puede hacer un símil con los hoteles. Pueden convivir las grandes cadenas hoteleras con el hotel boutique, con encanto o rural. Quien se mueve dentro del ecosistema de una gran cadena de espacios ya sabe lo que le ofrece y lo que va a encontrar en todo el mundo, pero luego existe gran cantidad de espacio independiente con la impronta mucho más fuerte del propietario o gestor.

Las grandes ciudades aglutinan la mayoría de la oferta por razones obvias, pero en paralelo también aparece el fenómeno del coworking rural…

Quien busca cliente corporativo invierte en espacios céntricos y hace una gran inversión que tiene que rentabilizarse así. Pero también están surgiendo muchos operadores en otro tipo de entornos. En Bélgica y en Reino Unido ya están apareciendo operadores que, por principios, no se alojan en los centros de las ciudades. Se especializan en trabajar en periferias y en localidades más pequeñas pero con espacios más amplios. Y también hay coworkings más artesanales, con a lo mejor veinte mesas, donde existe mucha más compenetración y capilaridad, y las sinergias pueden fluir más. En cuanto al coworking rural, cabe destacar que tiene mucha importancia en cuanto a su capacidad para dinamizar comunidades.

¿Qué previsiones de futuro tiene el sector?

Sobre la base de las cifras que manejamos, estimamos que para el año 2030 puede haber 1,5 millones de personas trabajando diariamente en un espacio de coworking en España, porque vemos tendencias como la reconversión de centros comerciales en centros de oficinas. Habrá una evolución hacia modelos híbridos que combinarán el coworking con otras cosas. Este negocio ofrece soluciones para todo tipo de necesidades y se va a multiplicar esta diversidad. Ahora están surgiendo coworkings verticales especializados en una actividad, como por ejemplo de ingenieros o de fotógrafos. Auguro que seguiremos con estos crecimientos importantes pero a la vez difusos, por lo diversos que somos y la capacidad de ofrecer soluciones a las nuevas necesidades.

 

El desarrollo de los espacios de coworking en España es una realidad que hace años que toma fuerza y que la pandemia incluso ha acelerado, generando nuevas dinámicas laborales. Eduardo Salsamendi preside ProWorkSpaces, la asociación de operadores de espacios de trabajo flexibles en España. Recientemente, participó en el seminario Spanish National Workshop on New Working Spaces, organizado por el grupo de investigación i2TIC de los Estudios de Economía y Empresa de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), donde reflexionó sobre el impacto de los espacios de coworking y sus perspectivas de futuro.

El coworking ha ido evolucionando y creciendo con el tiempo y últimamente el concepto de coworking corporativo está fortaleciéndose. ¿En qué consiste?

En España tenemos centros de negocios desde 1978, como réplica de lo que en Estados Unidos eran las executive suites, que se centraban principalmente en ofrecer un servicio. Hacia el 2010, en parte como respuesta a la crisis, nace el coworking, con la filosofía inicial de compartir sinergias, espacios y proyectos, poniendo el foco en la comunidad. A medida que evoluciona y accede a otros perfiles más allá del freelance, a estos espacios se les empieza a demandar más servicios e incorporan elementos del centro de negocios. A la vez, a los centros de negocios se les empiezan a pedir aspectos del coworking, de manera que ahora muchos estamos a caballo entre estos dos mundos. Cuando hablamos del coworking corporativo nos solemos referir a un centro de negocios que ha incorporado valores del coworking. También le llamamos oficina flexible. La variedad de nombres es una de las maldiciones de este sector.

En todo caso, parece que prospera. ¿En qué estado está en España?

Es terriblemente diverso, con 1.800 espacios que van desde el pequeño coworking boutique, con la filosofía inicial de los primeros proyectos, a las grandes cadenas especializadas, con mucha superficie e inversión para alojar a clientes corporativos. Y, en el medio, tenemos toda la diversidad posible. Además, estamos en un momento de evolución bestial y continua. Antes de la pandemia teníamos crecimientos anuales de doble dígito, casi llegando al 20 %, sobre todo por la irrupción de WeWork y de inversores potentes. Ahora está creciendo de forma exponencial, y la evolución es constante porque las necesidades cambian.

La pandemia ha supuesto modificaciones en el planteamiento del trabajo que seguro que les han influido.

Exacto. La gran empresa, que hasta ahora no se planteaba opciones como la nuestra, pero ahora la considera atractiva y la valora. En Madrid o Barcelona ya es muy habitual tener clientes con 200 o 300 puestos de trabajo flexibles, mientras que hace unos años era impensable. Y, como los trabajadores de un cliente corporativo han de tener los mismos requisitos de ergonomía y calidad de puesto de trabajo que los de sus oficinas, alojarlos ayuda a nuestra evolución.

En un escenario de incertidumbre parece que una característica primordial del sector debe ser la flexibilidad. ¿Es correcto?

Por supuesto, porque las necesidades en cuanto a diseños de espacio, de tecnología, de comunidad evolucionan mucho y lo seguirán haciendo. Antes hablábamos de praderas llenas de mesas y sillas. Ahora hay otras necesidades: espacios multifuncionales mucho más amplios, zonas para trabajar de forma distendida, oficinas, espacios para reuniones.

Si previamente ya éramos flexibles, después de la pandemia todavía lo somos más. Hasta el punto de facilitar puestos de trabajo incluso para una sola hora mediante una aplicación. Pero la pandemia y la guerra de Ucrania también han obligado a las empresas a tener mucha flexibilidad.

¿En qué sentido?

Si quieren sobrevivir, han de adaptarse a la realidad de forma muy rápida. Antes podías pensar en alquilar una oficina y hacer obras para tener a 150 personas trabajando durante diez años. Ahora son muy pocas empresas las que pueden decir cuánta gente tendrán trabajando dentro de cinco años. Por eso estas inversiones a veces se caen y buscan opciones más flexibles como la nuestra, con salidas anuales o incluso con periodos más cortos.

¿Cómo ve el panorama del coworking en España en relación con otros países?

Este sector siempre ha tenido una mayor evolución en el mundo anglosajón, seguramente por una cuestión cultural. Los negocios fluyen más y se ciñen más a la necesidad del momento, por eso también hay más alquiler que compra de viviendas. Londres es el mercado número uno mundial. Solo allí ya hay muchos más espacios de trabajo y mucho más grandes que en toda España. Aquí, hasta hace poco, teníamos multitud de espacios independientes y muy pequeños, pero esto está cambiando muy rápidamente. El tamaño medio de la oferta está creciendo mucho porque se están abriendo espacios enormes, algunos de casi 10.000 m².

¿La irrupción de estos grandes agentes puede desvirtuar la esencia del coworking?

Creo que se puede hacer un símil con los hoteles. Pueden convivir las grandes cadenas hoteleras con el hotel boutique, con encanto o rural. Quien se mueve dentro del ecosistema de una gran cadena de espacios ya sabe lo que le ofrece y lo que va a encontrar en todo el mundo, pero luego existe gran cantidad de espacio independiente con la impronta mucho más fuerte del propietario o gestor.

Las grandes ciudades aglutinan la mayoría de la oferta por razones obvias, pero en paralelo también aparece el fenómeno del coworking rural…

Quien busca cliente corporativo invierte en espacios céntricos y hace una gran inversión que tiene que rentabilizarse así. Pero también están surgiendo muchos operadores en otro tipo de entornos. En Bélgica y en Reino Unido ya están apareciendo operadores que, por principios, no se alojan en los centros de las ciudades. Se especializan en trabajar en periferias y en localidades más pequeñas pero con espacios más amplios. Y también hay coworkings más artesanales, con a lo mejor veinte mesas, donde existe mucha más compenetración y capilaridad, y las sinergias pueden fluir más. En cuanto al coworking rural, cabe destacar que tiene mucha importancia en cuanto a su capacidad para dinamizar comunidades.

¿Qué previsiones de futuro tiene el sector?

Sobre la base de las cifras que manejamos, estimamos que para el año 2030 puede haber 1,5 millones de personas trabajando diariamente en un espacio de coworking en España, porque vemos tendencias como la reconversión de centros comerciales en centros de oficinas. Habrá una evolución hacia modelos híbridos que combinarán el coworking con otras cosas. Este negocio ofrece soluciones para todo tipo de necesidades y se va a multiplicar esta diversidad. Ahora están surgiendo coworkings verticales especializados en una actividad, como por ejemplo de ingenieros o de fotógrafos. Auguro que seguiremos con estos crecimientos importantes pero a la vez difusos, por lo diversos que somos y la capacidad de ofrecer soluciones a las nuevas necesidades.

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